Gabinetes de curiosidades

Gabinetes de curiosidades

A la nobleza europea, durante muchos siglos, le ha gustado hacer alarde de su riqueza; ya sea a través de la moda, la arquitectura, las joyas, su ajuar doméstico, sus colecciones artísticas u otros medios. Durante los siglos XVI y XVII encontraron una nueva y afortunada forma de hacerlo: las cámaras de maravillas, también conocidas como Wunderkammern en Alemania o Austria, como wonder chambers en Inglaterra, y Kunstkammer en Dinamarca. En el Renacimiento la promoción de las artes y las ciencias vivió sin duda un momento de esplendor; el caldo de cultivo perfecto para que estas colecciones generaran el mayor interés posible. 

En el siglo XVIII, las wunderkammern evolucionaron hacia un nuevo modelo: los gabinetes ilustrados o gabinetes de curiosidades, en respuesta a la popularización de la historia natural y al auge de las exploraciones científicas y comerciales, entre otros motivos. El criterio de las colecciones evoluciona, priorizando ahora que los objetos sean de interés científico o promuevan el conocimiento de la naturaleza, por encima de aspectos como su rareza o singularidad. Posteriormente, muchas colecciones que aunaban objetos de diversos ámbitos se reordenaron de forma monográfica, dando paso a los museos modernos que hoy conocemos.

Caja de monedas adornada con monedas doradas, de la segunda mitad del siglo XVI. Descripción completa y créditos: Kunst Historisches Museum Wien

Las cámaras de maravillas primero, y posteriormente los gabinetes de curiosidades, consistían en salas en las que se atesoraban colecciones de objetos, si bien, dependiendo de la época, el interés y criterio pudiera ser diferente, como hemos mencionado. En el siglo XVI, el médico flamenco Samuel Quicheberg estableció, en su tratado Inscriptiones vel tituli theatri amplisimi (1565), la primera clasificación de objetos, distinguiendo: naturalia, artificialia, mirabilia, exotica, bibliotheca y scientifica. En sus inicios, las colecciones se nutrían de los objetos que viajeros y aventureros traían del Nuevo Mundo, y cuanto más raros y extravagantes fueran los objetos (sangre de dragón, cola de sirena, cuerno de unicornio…) que las constituían, más prestigio social daban a sus propietarios. Más adelante, cuando naturalistas y otras personas cultas se sumaron a ese afán coleccionista, se especializaron en materias concretas, pero con derivas y consecuencias diferentes.

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Concha decorada. Museo di storia naturale dell'Università di Pisa. Foto: Federigo Federighi, CC BY-SA 4.0, via Wikimedia Commons

Si muchas cámaras de maravillas consistían en colecciones de objetos diversos sin un criterio fijo de catalogación, metodología u orden, sí hubo quienes inventariaron cada objeto de una forma más rigurosa.

Felipe II fue un gran coleccionista que patrocinó la expedición de Francisco Hernández a Nueva España, en 1570. A su regreso, siete años más tarde, Hernández trajo un gran número de escritos, plantas, semillas e ilustraciones, que fueron almacenados en el palacio de El Escorial. También nutrió su colección con regalos procedentes de otros embajadores: huesos de rinoceronte, ballena, elefantes, u otros objetos como monedas, mapas, libros, olifantes o cuernos de unicornio. Parte de estas colecciones se perdieron en un incendio, si bien algunos objetos, en especial los catálogos de las expediciones, se salvaron.

Como decíamos anteriormente, esta actividad coleccionista fue el germen de muchos de los Museos de Historia Natural europeos que hoy conocemos. En 1752, el rey Fernando VI creó el primer Gabinete de colecciones de historia natural de España, animado por el marino Antonio de Ulloa, quien también lo dirigió, con la participación del especialista en minería Guillermo Bowles, el químico Agustín de la Planche, y el especialista en fundición de metales Andrés Keterlin. Carlos III fue quien dio carta de naturaleza al Real Gabinete de Historia Natural, cuando en 1771 adquirió la colección de Pedro Franco Dávila, un comerciante de Guayaquil afincado en París, que contaba, entre otros elementos, con minerales, rocas y fósiles. Hasta 1776 no abrió al público, siendo una de las primeras exposiciones públicas de historia natural de España y del mundo.

Más tarde, en 1815, se configuraría el Real Museo de Ciencias Naturales, que perdió su calificativo de Real en 1837. Tras una etapa de inestabilidad, durante la cual incluso se trasladó la colección a los sótanos de la Biblioteca Nacional, prescindiendo de la exposición de sus ejemplares, el entomólogo Ignacio Bolívar, director del Museo desde 1901, refundó el Museo en su sede actual, en 1910. En 1913 consigue la denominación de “Nacional”. Hoy en día, el Museo Nacional de Ciencias Naturales es un destacable centro de investigación en Zoología y Geología, que gestiona importantes colecciones (más de seis millones de ejemplares), y un amplio programa de exposiciones temporales e itinerantes, además de programas didácticos, cursos y seminarios.

Fuera de España, y en muchos casos con carácter previo a la iniciativa del monarca Fernando VI, destaca la colección albergada en el Castillo de Ambras Innsbruck fue iniciativa del archiduque Fernando II de Austria, en el siglo XVI. Actualmente es un museo federal austríaco y forma parte del Museo de Historia del Arte de Viena. El conjunto de la cámara de arte y maravillas de Fernando II del Tirol permanece en el mismo espacio del castillo de Ambras construido expresamente para albergarla, expuesta no obstante según un plan museográfico moderno, lo que convierte al Palacio de Ambras en uno de los museos más antiguos del mundo. Su excepcional colección, que se fue documentando en varios inventarios, reúne copas de cristal, trabajos de orfebrería y plata, así como esculturas de bronce, vidrios preciosos y filigrana torneada, monedas y armas, instrumentos científicos y musicales, objetos naturales raros, exóticos y extraordinarios, así como retratos de personas o animales que fueron considerados "maravillas de la naturaleza". Hoy en día contiene una de las mayores colecciones de Exotica, es decir, de objetos no europeos de su tiempo. 

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Entre las maravillas que alberga el Castillo de Ambras Innsbruck se encuentra este armario de corales. El Archiduque Fernando II de Austria compró corales en 1581 al comerciante genovés Baptist Sermino y en 1590 al comerciante veneciano Baptist Vialla. En Innsbruck o Múnich estos corales importados de Italia se combinaron con conchas, vidrio, etc. para formar tales gabinetes. El inventario de 1596 describe siete gabinetes con corales como el mostrado. Imagen: Kunst Historisches Museum Wien

La colección de Rodolfo II de Praga, Archiduque de Austria y Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, no era tan extensa como la que consiguió reunir Fernando II de Austria en el Castillo de Ambras, pero no por ello menos interesante. Su afición por el coleccionismo le llevó a priorizar está ocupación por encima de sus obligaciones militares y políticas. 

En los inventarios que se realizaron se describen algunas piezas, como una colección de más de 800 cuadros, otra de bronces, de autómatas y de aparatos científicos, así como joyas. Su colección terminó dispersándose a su muerte, pero parte de ella se puede ver en la Kunstkammer del Museo de Historia del Arte de Viena

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La Gema Augustea fue uno de los tesoros que Rodolfo II adquirió para su gabinete de curiosidades. Actualmente se exhibe en el Kunsthistorisches Museum de Viena. Foto: De Dioscurides (?) - Gryffindor (June 2006), CC BY 2.5

Athanasius Kircher fue un jesuita alemán, políglota, viajero, escritor e inventor. En 1633 se trasladó a Roma, para dar clase de matemáticas en el Collegio Romano, perteneciente a la orden jesuita. En 1651, la institución recibió la donación de la colección de antigüedades y pinturas que habían pertenecido a Alfonso Donnino, exponiéndola en el edificio. Kircher se encargó de ella, añadiendo sus propias máquinas y artefactos curiosos, e incluyendo objetos de la naturaleza que había ido coleccionando con el paso de los años gracias a sus contactos con la Compañía de Jesús. Su exposición recibió la visita de multitud de científicos, gobernantes, viajeros o estudiosos. A su muerte en 1680, uno de sus discípulos, Filippo Buonanni, ilustró con detalle un catálogo de la colección del Museo. Actualmente, el Collegio Romano alberga el Wunder Musaeum, dedicado a destacar la colección de Kircher.

Grabado del Museo Kircheriano, en el Collegio Romano

El monarca Luis XIV también reunió una colección en la que destaca el zafiro adquirido por el rey en 1669, época en la que las expediciones procedentes de India trajeron a Europa gran cantidad de gemas. Años más tarde, en 1792, fue robado junto a varias joyas de la Corona, aunque afortunadamente fue recuperado poco más tarde y conservado en el Museo de Historia Natural de París. Según posteriores estudios, se ha confirmado que procede de Ceylán. Su peculiar forma, de romboedro, data del siglo XVII. Pesa 135,8 quilates, y tiene una medida de 39x29 milímetros.

Ole Worm fue un médico y anticuario danés, además de un avezado coleccionista que dio lugar a uno de los Gabinetes de Curiosidades más importantes de la época. Recogió numerosas muestras para su colección, consistentes en artefactos del Nuevo Mundo, animales disecados o fósiles. En su catálogo Museum Wormianum, publicado tras su muerte en 1655, compiló numerosos grabados documentando su colección, así como descripciones. Los objetos se dispersaron en varias colecciones tras su fallecimiento, aunque muchos de ellos acabaron en la Kuntskammer de Federico III de Holstein-Gottorp.

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Grabado contenido en el catálogo Museum Wormianum, que muestra el Gabinete de Curiosidades de Ole Worm.

El Museo Ashmolean de Oxford, inaugurado en 1693, se originó gracias a la colección que Elias Ashmole había creado, adquiriendo también las de otros viajeros y coleccionistas tales como John Tradescant y su hijo. Ashmole fue anticuario, político, oficial de armas, astrólogo y alquimista inglés, además es considerado como uno de los padres de la francmasonería, y fue uno de los fundadores de la Royal Society de Londres. Sus colecciones originales recogen ejemplares de todo tipo, desde momias egipcias a monedas antiguas, libros, grabados, especímenes geológicos y zoológicos, albergando un fondo museístico amplísimo que actualmente cuenta con más de 200.000 ejemplares.

Este estuche de plata para amuleto, originario del norte de África, es una de las piezas que Ashmole adquirió al hacerse con la colección de Tradescant. Data del siglo XVII y está realizado en plata, oro, esmalte y gemas. Foto: Ashmolean Museum

El gabinete de curiosidades del excéntrico Sir Hans Sloane ocupaba casi once salones de su casa londinense. Contaba con más de 71.000 artículos que donó a su muerte a la nación británica, dando lugar así a la base de las colecciones del British Museum, la British Library y el Museo de Historia Natural de Londres.

Anillo con intaglio, ágata y plata. Representa a Apollo y a Marsyas. Fue adquirido por Hans Sloane en 1753. © The Trustees of the British Museum

Este irlandés fue médico, naturalista y, por supuesto, un incansable coleccionista al que, aparte de atribuírsele la receta del “chocolate para beber” (cuyos derechos adquirió Cadbury más adelante) recopiló 32.000 monedas y medallas, 50.000 libros, láminas y manuscritos, un herbario compuesto por 334 volúmenes de plantas secas de todo el mundo, y 1125 “cosas relacionadas con las costumbres de la antigüedad”.

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Brazalete guineano de marfil de elefante, procedente de la colección de Sir Hans Sloane. © The Trustees of the British Museum

La Kunstkámera fue el primer museo ruso. Fue creado a iniciativa de Pedro el Grande, con el fin de albergar su gabinete de curiosidades. En su colección, cuyo objetivo era preservar "curiosidades naturales y humanas y rarezas", se incluían numerosos ejemplares de fetos humanos y animales con anomalías anatómicas. Emitió una orden en la que establecía que los niños nacidos muertos con deformaciones fuesen enviados desde todo el país a la colección imperial, para ser expuestos y estudiados. 

También coleccionó otros objetos especialmente relacionados con la Naturalia, y más concretamente con la mineralogía. Adquirió, de un doctor de Danzig, una colección de 1195 minerales, que posteriormente completó con minerales rusos. En diciembre de 1747 un gran incendio destruyó la colección, pudiéndose salvar sólo algunos de los ejemplares más valiosos. Peter Simon Pallas, científico y viajero, fue nombrado director de la colección en 1747, reconstruyendo el muestrario. La Kunstkammer aloja en su edificio el  Museo Pedro el Grande de Antropología y Etnografía de la Academia de Ciencias Rusa, con una colección de casi 2.000.000 de piezas.

Otro de los gabinetes de curiosidades más destacados fue el Wunderkammer de Strahov. Fue adquirido para el monasterio en 1798, procedente de la herencia del barón Karel Jan Eben, historiador checo. Esta colección reúne descubrimientos arqueológicos, colecciones de ciencias naturales (especialmente animales marinos, pero también insectos, minerales y réplicas de frutas en cera), objetos artísticos en cristal y porcelana, objetos de artesanía, armas y maquetas de barcos de guerra del siglo XVI. Destaca su xiloteca, compuesta por 68 volúmenes preparados por Karel de Hinterlagen alrededor de 1825, cada uno documentando un tipo de madera. Los paneles están hechos de la madera del árbol correspondiente, el lomo con el título en latín y alemán está hecho de corteza con liquen, y en el interior hay raíces, ramas, hojas, flores, frutos, secciones de ramas y plagas. Destaca también un cuerno de narval, que en su día se creía que pertenecía a un unicornio.

En la imagen, la biblioteca dendrológica o xiloteca del Monasterio Strahov.

El Museo de Historia Natural de la Universidad de Pisa tiene su origen en la galería anexa al Giardino dei Semplici de Pisa (ahora el Jardín Botánico), creada a finales del siglo XVI por voluntad de Fernando I de Médici. En el Museo todavía es posible ver varias obras que figuran en los inventarios del siglo XVII.

A diferencia de muchas de las otras colecciones, la de Pisa siempre estuvo vinculada a la institución universitaria, lo que hizo que la colección adquiriera una connotación más rigurosa y científica casi desde el principio. En 1595 Fernando I dispuso que las diversas colecciones naturalistas florentinas fueran llevadas a la galería y al año siguiente formalizó la institución con una bula, fundando así uno de los primeros museos del mundo. La Wunderkammer de Pisa reúne colecciones ictiológicas, mineralógicas, herpetológicas, ornitológicas, malacológicas o paleontológicas.

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Muestra de objetos diversos en la Universidad de Pisa. Foto: Federigo Federighi, CC BY-SA 4.0, via Wikimedia Common

Los gabinetes de curiosidades fueron tan populares que los anteriormente mencionados representan tan sólo algunos ejemplos. Además, otros estudiosos o nobles crearon colecciones más modestas, denominadas “miettes de curiosités”.  

Es evidente que no todos los gabinetes de curiosidades han sobrevivido hasta hoy, al menos en su configuración original. Además, no todos ellos fueron adecuadamente clasificados por sus dueños (por ejemplo, Carlos Linneo criticó duramente la falta de organización de la prodigiosa colección de Hans Sloane), si bien algunos de los catálogos que sí se llevaron a cabo han sobrevivido hasta hoy, permitiendo conocer la extensión, rareza y variedad de objetos que se reunían en estas colecciones.

Autora: Irene Gobet

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